Hay artistas que se descubren en vivo. Y hay otras que, cuando pisan el escenario, confirman algo que ya venían cultivando desde hace tiempo. El primer concierto de Fabiana pertenece a ese segundo momento: no fue un inicio, fue una afirmación.
Desde sus primeras canciones, “Amores Fruta”, “+ Que Yo”, “Pa' Lante” su música ha orbitado alrededor de una honestidad poco negociable. Una forma de escribir y componer que no busca adornos innecesarios, sino conexión directa. En este primer show de Fabiana en vivo, esa esencia se expandió.
El formato en vivo permitió ver las capas de su universo. Una banda que entiende el equilibrio entre sostener y dejar espacio Diego en teclados, Devadip en batería y Ariel en secuencias, arreglos que crecen sin saturar y una selección de repertorio que no distingue entre pasado y presente: todo convive como parte de una misma historia.
Hubo lugar para lo inédito como “Infierno” por primera vez en vivo y para nuevas canciones que adelantan el siguiente capítulo de Fabi. Pero uno de los momentos más íntimos llegó cuando en formato acústico, sola con su guitarra, interpretando “El corazón no miente nunca” (no sabemos el nombre pero nos quedamos con esta frase), un tema dedicado a Diego, su novio, manager, tecladista y principal soporte, en definitiva una declaración de amor honesta y directa.
Si algo define este concierto de Fabiana en La Noche de Barranco es su capacidad de transitar entre lo íntimo y lo colectivo. “Cultura Moche”, de Yamilquiereserartista, que Fabiana ya había reinterpretado en versión balada en redes, se hizo realidad en vivo por primera vez junto a su autor. Luego, “Loca”, junto a Greccia, sumó una energía distinta, confirmando que es una de las voces emergentes más interesantes del circuito local.
“Fluoxetina”, junto a Cristina Luyo, encontró en el público un eco inmediato, convirtiendose en un mantra. En contraste, la interpretación de “Gata Bajo la Lluvia” junto a Lorena Blume y Nía Vanie llevó la noche hacia un ambiente más cálido, donde las voces no solo armonizan: se reconocen. El gesto final de un abrazo sostenido entre ellas cerró ese momento importante sin necesidad de explicación. Puro sentimiento.
La narrativa emocional alcanzó uno de sus picos con “Pa Lante” en vivo. La letra ya no pertenece solo a Fabiana, sino se vuelve un refugio colectivo.
Hacia la tercera mitad, la energía cambió de color. Con un vestido rojo como declaración visual, Fabiana en escenario se sumergió en un registro más frontal junto a Elisa Tokeshi en “Hay un hombre en mi cabeza”, una pieza que incomoda y confronta desde su propia crudeza. Luego, con Maylo, “Chiste” reafirmó su lugar como uno de los momentos más coreables de la noche, seguido por una nueva canción colaborativa que dejó entrever una química creativa de ambos.
El tramo final apostó por el baile. “Recomiendo”, junto a Lucía Brozovich, llevó el set hacia un pop urbano bailable, donde el deseo se expresa sin rodeos. Y el cierre con “+ Que Yo en vivo” funcionó como síntesis: independencia emocional, ritmo y una declaración clara de identidad.
Más que un recorrido por canciones, este show de Fabiana fue la construcción de un lenguaje propio. Uno donde la vulnerabilidad no es debilidad, sino punto de partida; donde las colaboraciones no son accesorios, sino parte del tejido; y donde cada decisión artística responde a una misma lógica: decir las cosas como son.
Fabiana en concierto demostró en este escenario que tiene una voz única y una dirección claras de su proyecto musical.

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